Ibiza, la factoría de hoteles discoteca 

En el 5º Congreso Nacional de Ocio Nocturno y el 10º Congreso Internacional de Ocio Nocturno, celebrados en Valencia, hemos visto cómo el Consell d’Eivissa, Yann Pissenem (CEO de The Night League) y Ocio de Ibiza firman el liderazgo de exposición de planteamientos y conclusiones sobre el ocio nocturno a nivel mundial, con la marca ‘Ibiza’ como la gallina de los huevos de oro. En este marco, la Asociación Balear de Ocio y Entretenimiento (ABONE) ha desaparecido como entidad representativa en Ibiza y Baleares.

El asunto fundamental que no se ha abordado en Valencia ha sido la imprescindible regulación de horarios, aforos y el establecimiento de límites para cualquier evento o actividad recreativa, donde se utilice la música como reclamo y que además implique promoción y venta de entradas.

Cabe recordar que las discotecas, salas de fiesta, salas de baile y cafés concierto tienen un régimen especial que los distingue del resto de actividades turísticas y recreativas, con un impuesto del IVA superior al 21%, a diferencia del resto de la hostelería y de los propios hoteles, donde ese impuesto se reduce al 10%. Llama la atención que no pagan un impuesto superior ni siquiera los hoteles de 5 estrellas, denominados de lujo.

Pero gracias a las lagunas de la Ley Turística de 2012, en la isla de Ibiza han proliferado los hoteles discoteca que constituyen, de facto, una nueva categoría de negocios: Lugares solo para adultos, que promocionan la fiesta y la música, bajo la primacía del lujo 5 estrellas, con el reclamo subliminal del sexo y las drogas, donde el alojamiento no es la actividad principal.

Se trata de hoteles donde la fiesta comienza a plena luz del día, a las cuatro de la tarde, y donde la actividad que se realiza es la correspondiente a una sala de fiestas. La contradicción flagrante estriba en que las discotecas del resto de la comunidad autónoma de Baleares no pueden abrir antes de las 22 horas.

Es decir, que el horario que rige en Ibiza de apertura de tarde, a las 16:00 horas, es la nueva vía de negocio de este tipo de hoteles discotecas. De forma sorprendente e irregular, este modelo de intrusismo se ha copiado y extendido también a clubs de playa, restaurantes y otros negocios que han visto la oportunidad de ofrecer música en vivo, conciertos y organizar fiestas en el exterior de cualquier establecimiento, saltándose el conjunto de normas anteriores a la Ley Turística de 2012, cuando existía un equilibrio empresarial, social y ambiental en la isla.

En el marco de esta desregulación imperante, otro dato a tener en cuenta es que las discotecas necesitan licencias para que la música pueda ser utilizada comercialmente y deben pagar derechos de autor para reproducir música, con tarifas que varían si se trata de música ambiental o música en directo. En el caso de los hoteles, las tarifas que pagan son inferiores, lo que supone otro agravio comparativo para las salas de fiestas y los negocios que ejercen su actividad con la licencia que les corresponde y que por tanto pagan los impuestos equivalentes, ya que el uso de la música está vinculado al baile, que es la actividad principal, lo que implica tarifas más altas, vinculadas al aforo y precio de entrada.

Pero conviene volver a recordar que partimos de que la hostelería y el sector hotelero tiene un régimen propio de servicios para sus huéspedes, con horarios establecidos, obligaciones de vigilancia y auxilio en las piscinas, aforos autorizados del establecimiento, así como limitaciones relativas a la contaminación acústica y a la protección del medio ambiente.

Por ello extraña poderosamente la permisividad gubernamental con algunos hoteles de la isla, donde las exitosas fiestas que organizan superan ampliamente el beneficio de la explotación del propio hotel, con unos aforos que multiplican por 10 la capacidad de alojamiento. Esto significa que utilizan los espacios disponibles para los huéspedes del hotel y revierten el uso de los mismos para dedicarlos a las fiestas que en ellos se llevan a cabo y para eso basta con un escenario monumental, que llame poderosamente la atención del espectáculo.

Cabe preguntarse: ¿Qué pasaría si se vendiera ese hotel que disfruta de una situación privilegiada respecto al resto de la planta hotelera? ¿Es transmisible este irregular comportamiento con un permiso basado en una declaración responsable? ¿Tiene esta declaración responsable un título habilitante que sea susceptible de valorar como entidad transmisible con valor propio, independiente del hotel? Si así fuera, nos encontraríamos con un evidente fraude.

Un simple cálculo demuestra que el aumento de la plusvalía del hotel es directamente proporcional al valor del inmueble más la actividad realizada en su interior y, a su vez, inversamente proporcional al valor del resto de hoteles que funcionan con normalidad.

Nadie duda de que estas actividades irregulares se llevan a cabo con cobertura municipal para esquivar controles de lo que ocurre en el interior, con venta de entradas e invitaciones al público del exterior.

Y todo esto sucede teniendo en cuenta que los hoteles no existen ni se mencionan en ninguna de las ordenanzas municipales de ningún ayuntamiento de España, ya que tienen una regulación propia. Por todo ello, el corporativismo hotelero que domina la isla de Ibiza desde hace más de una década constituye un fenómeno digno de estudio, con las siguientes conclusiones, sobre la proliferación de hoteles de lujo solo para adultos:

Por un lado, se ha potenciado el poder de decisión de unos pocos, en detrimento de la mayoría. Al mismo tiempo, los ayuntamientos que favorecen la excepcionalidad de estos establecimientos han contribuido a la diferenciación económica, con prerrogativas que favorecen especialmente a quienes realizan actividades en sectores urbanos, donde el ruido debería ser prohibido. El resultado es que, si a ello añadimos capacidad económica de gestión exclusiva, queda patente que en la última década se han institucionalizado clases y privilegios dentro de un mismo sector hotelero.

Construido en los años 70, el hotel Fenicia de Santa Eulària fue el primero al que se le autorizó en el año 2006 la comercialización de la categoría de lujo, tras el anuncio de que no sólo estaría abierto en verano, sino que además iba a ofrecer todo el confort en invierno, lo que abría la posibilidad de promocionar la isla como destino internacional de vacaciones durante todo el año. Lo adquirió y reformó la empresa propiedad de Alonso Marí. Una vez obtenidos los permisos, el hotel permaneció abierto los 12 meses durante dos ejercicios consecutivos, pero la propiedad renunció después a esa apuesta por falta de viabilidad y ruina económica. De esta forma se abrió la veda para los alojamientos con categoría cinco estrellas, con la música como oferta complementaria y la excepcionalidad de que solamente se aceptan adultos, y así restringen la entrada a niños y, por lo tanto, a público familiar.

Ése fue el germen del fenómeno que tiempo después convirtió a Ibiza en la factoría de hoteles discotecas. Las marcas que más se benefician actualmente de esta situación son muy conocidas: The Unexpected Ibiza Hotel (antes Ushuaïa Tower), Ushuaïa Ibiza Beach Hotel y The Site Hotel Ibiza (antes Hard Rock), en Platja d’en Bossa, en el municipio de Sant Josep. O Beach, Ibiza Rocks y Pikes, en Sant Antoni. Y Destino Ibiza de Pachá, en Santa Eulària.

El corporativismo hotelero, sin embargo, es un mal para la isla en general y ya condiciona el futuro del modelo turístico. Se demuestra desde el momento en que propusimos por carta a la Federación Hotelera el cambio de horarios y la necesidad de regulación de actividades, pero ésta fue la respuesta, en la que demuestran su oposición: “Le confirmo que no podemos suscribir la propuesta sobre horarios que usted nos planteó, al impedir la animación musical que, en numerosos hoteles de Ibiza, se lleva a término en los horarios que usted propone cesar toda actividad musical. Le agradecemos su planteamiento y quedamos a su disposición para lo que sea conveniente”.

Cuando se cumplen 50 años de la llegada de la democracia a España, vemos que la semilla heredada de otros tiempos pervive en instituciones y corporaciones, donde sobrevuelan los vicios de falta de transparencia y privilegios para algunos intereses y élites, a espaldas del voto, que autentifica el poder del cargo, no el del desistimiento probado.

En Ibiza somos diferentes al resto del conjunto de Baleares, con horarios propios, el lujo y los excesos instalados en el sistema, y el aparente beneplácito de quienes deberían gobernar con equidad y sabiduría.

El 5º Congreso Nacional de Ocio Nocturno celebrado en Valencia supone la consagración y santificación institucional de una operación inicialmente concebida como clúster de investigación en Platja d’en Bossa, dirigido a un grupo de empresas y un sector, con el objetivo de innovar, cooperar y mejorar la competitividad. Esa operación ha derivado en un acuerdo ilegal entre empresas para fijar precios, limitar producciones, eliminar la competencia y controlar el mercado.

Cabe recordar que la ley promueve la competencia libre y leal, en el marco de una estructura de mercado eficiente, y con el objetivo de impedir lo que se conoce como Antitrust, es decir, prácticas empresariales orientadas al abuso de posición dominante y al monopolio, que finalmente repercute en el aumento de precios y en la reducción de la variedad de la oferta.

Que el Consell d’Eivissa y el Ajuntament de Sant Josep patrocinen el congreso de Valencia supone que la isla se presenta con las cartas marcadas. Finalmente, lo que se defiende es un modelo de conciertos o eventos que nada tienen que ver con el horario nocturno y que además carecen de una regulación propia.

El corporativismo ibicenco trasladado al ámbito de la música también deja patentes las reminiscencias de otras formas de gobernar por parte de quienes rigen algunos negocios y cómo sus tentáculos contaminan las administraciones públicas. La música ha sido retorcida, utilizada y convertida en un arma de poder para destruir al adversario y la competencia, atraer al público a una zona de dominio y explotación y abocar a la industria del ocio de la isla a una situación de monopolio.

Una estrategia diabólica concebida por un supuesto rey Midas, que convierte en oro todo lo que toca, y que finalmente controla al gobernante con alabanzas y gestos de solidaridad falseados. Asistimos a un sistemático greenwashing empresarial y social, a través del cual se camuflan con pequeñas donaciones a entidades sociales y deportivas los beneficios escandalosos, las irregularidades y las prácticas mafiosas. Una táctica de marketing que nada tiene que ver con el espíritu de los grandes filántropos, que contribuyen con cantidades muy significativas a mejorar el mundo en el que viven.

En Ibiza solo se trata de que los más ricos aumenten sus fortunas y escalen puestos en los rankings de los poderosos. La ciudadanía silenciosa no puede percibir la magnitud del ocaso que se cierne sobre el territorio, cuando tienen que enfrentarse a desafíos como la falta de vivienda, la subida de precios de bienes esenciales, la escasez de médicos o las deficiencias en ámbitos como la educación. En Ibiza falta un equilibrio social, económico y ambiental y una estrategia turística de futuro, que nunca podrán impulsar quienes solo velan por el interés particular y nunca por el interés general. Así ha quedado patente en Valencia, donde empresarios e instituciones han continuado promocionando la isla como la factoría de hoteles discoteca.

Por ello, y ante los hechos consumados, AEON ha tomado la decisión de confiar en la justicia para esclarecer los derechos y obligaciones de los intereses afectados, dada la ausencia de respuesta a nuestros requerimientos, propuestas y demandas de información, por parte de las instituciones municipales y gubernativas.

Junta Directiva de la Asociación Empresarial del Ocio Nocturno Noches de Ibiza (AEON)

Fecha: 26 de noviembre de 2025

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